
Antes de nada dejar bien clara la premisa, considero
La promesa la obra maestra absoluta del cine japonés, lo que equivale a decir una de las diez mejores películas de la historia del cine, el resto os lo podéis saltar, pasad directamente a la postdata y haceros con los subtítulos, que en un rasgo de generosidad inaudita he traducido al castellano, no os emocionéis, lo he hecho por Yoshida, no por vosotros.
Los ancianos son como niños, falso, son niños, algo más pesados, no mucho más, niños y viejos comparten idénticas características, taras, transparencia, liviandad, y verdad, una verdad que como siempre, estorba, pesa, un niño pequeño no es algo fácil de llevar, de soportar, tampoco un anciano, y sin embargo es algo que hacen todos los padres, los que lo hagan, la dejación paterna está muy extendida, la de los hijos también, incluso más, cuando les toca el turno de devolver la inversión de tiempo, de esfuerzo, de comprensión, de paciencia, que hicieron sus padres, y no sólo en la primera infancia, la pensión completa con servicio de habitaciones y lavandería cada vez se alarga más, como debe de ser, y generalmente el pago suele ser subvencionado a fondo perdido, algo que se considera una obligación, responsabilidad, paterna, que nadie parece cuestionar, y que en la mayoría de los casos lejos de considerarse una carga insoportable para los padres se convierte en una devoción, en un sacrificio voluntario libremente aceptado, y asumido, ser padres es un acto de generosidad extremo que debería ser devuelto, correspondido, como mínimo en la misma cuantía, tanto de tiempo, dinero, paciencia, como de cariño, sobretodo cariño, por parte de los hijos, y no como una obligación sino como un regalo, como una ofrenda, como una muestra de gratitud, de entrega amorosa, la vida es justa, y circular, y nos concede esa oportunidad, ese privilegio, un privilegio que abrumados por nuestro egoísmo, por nuestro egocentrismo, no sabemos ver, ni valorar, la frase “
es que yo también tengo mi vida” es la frase más repetida por cualquier hijo, en cualquier tiempo y lugar, la frase más injusta, porque durante muchísimos años, cada vez más, esos padres no tuvieron vida, y no lo vivieron como una tragedia, por supuesto hablo de los padres de la vieja escuela, de los que vivían la paternidad como un compromiso a tiempo completo, como una misión, no como un capricho, como un error, a tiempo parcial, lo habitual en la actualidad.
La infancia se mitifica demasiado, tanto desde dentro, como desde fuera, la infancia no es un paraíso, aunque sea lo más aproximado, a nivel inconsciente, a nivel consciente es el amor, y los que menos lo disfrutan son los propios padres que viven en un continuo sindiós, sobretodo las madres, para que nos vamos a engañar, los padres están más preocupados en llorar la pérdida de su supuesto centro de gravedad, en ejercer de príncipes destronados, y en sentir celos de todo lo que se mueve, incluidos sus propios hijos, quien piense que estar en un continuo estado de alerta, de vigilia, de pánico, es un plato de gusto, disfrutable de forma plena, es un enfermo, la paternidad sólo la disfrutan los tíos, y los abuelos, aunque sólo en parte, una parte cada vez más pequeña, porque no es lo mismo disfrutar de los nietos de visita que tener que criarlos, el disfrute pleno sólo es posible gozando de un alto grado de irresponsabilidad, y hoy en día los abuelos asumen una responsabilidad mucho mayor que la de los propios padres, demasiado agobiados, con, y sin motivo, generalmente sin motivo, aunque la conciliación de la vida personal con la laboral sea casi imposible, para ejercer su función, una función que delegan en unas personas con una edad en la que en lugar de tener que servir a los demás deberían ser servidos, y lejos de agradecerse como es debido, como algo excepcional, como un acto de generosidad descomunal, se considera algo normal, natural, total así están entretenidos, algo que ellos mismos no serían capaces de asumir, de aceptar, que les impusieran un entretenimiento obligado, forzado, que renunciaran a su propia vida de forma voluntaria, pero claro está los abuelos no renuncian a su vida porque no la tienen, son parásitos de la sociedad, son los nietos los que se la llenan con sus moquitos y sus babas, tras de cornudos, apaleaos, los nietos son una tremenda alegría, satisfacción, a tiempo parcial, a tiempo completo se convierten en hijos, en una paternidad de penalti injusto, luego se quejarán de que sus hijos quieran más a sus abuelos, la paternidad no es una cuestión de sangre, sino de tiempo, el cariño no nace por generación espontánea, hay que ganárselo, y los padres no tienen el tiempo, las ganas, ni la paciencia, para lograrlo, les basta con las gratificaciones inmediatas, tirando de monedero, algo que los hijos valoran en su justa medida, durante un segundo, los niños sólo valoran la presencia, la compañía, el cariño no se compra, ni se vende, se regala, gratis, un regalo boomerang que los niños devuelven multiplicado por diez, los niños, como los ancianos, detectan el cariño forzado como los perros el miedo.
Llegados a este punto no creo que haga falta especificar que el tema de la película es la vejez, la niñez, dos caras de la misma moneda, los niños no reconocen a sus padres hasta determinada edad, los ancianos no reconocen a sus hijos llegados a una determinada edad, no tienen conciencia de su propia identidad, de su propia imagen, no se reconocen ante un espejo, y en ambos casos, lo importante no es que te reconozcan, si no que tú les reconozcas, son los niños, los ancianos, quienes están perdidos, no los adultos, y son ellos los que tienen que ayudar a encontrarlos, a encontrarse, los niños, y los ancianos, miran de frente, o con la mirada perdida, de forma inquisitiva, obsesiva, fija, hasta provocar rechazo, miedo, como la mirada de los gatos, los niños no paran de quejarse, son unos caprichosos, unos gruñones, unos mandones, unos exigentes, incapaces de verbalizar sus necesidades, exactamente igual que los ancianos, los niños son incapaces de controlar sus esfínteres, los ancianos son incapaces de controlar sus esfínteres, y tanto para unos como para otros, la humillación no es hacérselo encima, sino que les cambie un desconocido, los niños se pasan el día comiendo, llorando, y riendo, sin apenas transición, y sin que tenga que haber un motivo determinado, exactamente igual que los ancianos, los niños carecen de la más elemental noción del tiempo, para ellos ayer significa todo lo que no sucede en ese momento, para los ancianos ayer puede significar algo que sucedió hace 50 años, pueden recordar algo muy lejano, y ser incapaces de recordar lo que han hecho hace 5 minutos, exactamente igual que los niños, los niños recogen cualquier guarrada que encuentran por el suelo y la esconden, para ellos todo constituye un pequeño tesoro, exactamente lo mismo que los ancianos, con la diferencia de que si lo hace un anciano lo denominan síndrome de Diógenes.
Los niños carecen de orientación, de equilibrio psicomotriz, son torpes como patos, necesitan ayuda para tenerse en píe, para caminar, y se pasan el día cayéndose, los ancianos, lo mismo, con la diferencia de que no son de goma, sino de cristal, los niños adoran empujar su sillita de paseo porque se sienten seguros y pueden caminar sin ayuda de nadie, los ancianos utilizan los bastones y los tacatacas con idéntica finalidad, los niños dependen para todo de sus padres, los ancianos dependen para todo de sus hijos, los niños adoran salir a la calle y tomar el sol, los ancianos adoran que los saquen sus hijos o sus nietos a la calle a tomar el sol, que los saque un desconocido les provoca tanta ilusión como a los niños el día que salen a la calle para ir a ponerles las vacunas, los niños son hiperposesivos y están obsesionados con sus pequeñas posesiones, los ancianos viven obsesionados con que les van a robar sus cosas, y su dinero, los niños necesitan atención absoluta, dedicación absoluta, requieren que se les haga caso constantemente, son dependientes totales, los ancianos igual, siempre necesitan tener a alguien pendiente de ellos, los niños son superextremos, o son completamente felices, con una felicidad que se les desborda por los ojos, o son las personas más desgraciadas del mundo, y no dudan en hacer partícipes de su estado al resto del universo con desgarrados chillidos, peligrosos pataleos, sobrenaturales gemidos, y arroyos de lágrimas tan grandes como uvas, son incapaces de relativizar sus alegrías y sus penas, viven en un continuo sinvivir, en un permanente fin del mundo, los ancianos otro tanto, o se están muriendo, su frase favorita, o piensan que van a vivir eternamente, total son unos jovencitos, a esto se le llama senilidad, luego todos los niños son seniles.
Los niños se pasan el día tocándose sus cositas, y exhibiéndose sin ningún pudor, carecen de vergüenza, los ancianos igual, se ve que los niños son unos sátiros, unos pervertidos, unos viejos verdes, poca diferencia hay entre el pito de un niño y el de un anciano, uno tiene problema de fimosis y el otro de próstata, pero ambos son igual de pajaritos, incluso se parecen físicamente, son igual de estrechitos y encogidos, tienen la misma cara de enfadiques, y los mismos cuatro pelos, finitos y sedosos, o pelones totales, los niños cogen cariño a una prenda y no quieren ponerse otra, eso mismo hacen los ancianos y les llaman pordioseros, si a los niños les gusta algo hay que repetírselo cien mil veces, y a mayores, ellos mismos se encargan de repetírtelo cien mil veces, son loritos de repetición, los ancianos repiten una y otra vez las mismas batallitas y para ellos siempre es como si fuera la primera vez, por una sencilla razón, porque para ellos siempre es la primera vez, y no lo están recordando, lo están viviendo en directo, pero a los niños no les dicen chocheas abuelo, los niños no entienden el significado de la palabra no, ni del concepto propiedad privada, eso mismo le sucede a los ancianos pero les llaman imbéciles, gagás, y cleptómanos, ¿si no están las cosas para cogerlas porque las ponen a su alcance?, que las escondan coño, o que pongan un letrerito con el nombre del dueño, si se quiere algo basta con cogerlo, el mundo es un gran escaparate con buffet libre, el dinero para los niños y los viejos es algo tan abstracto como asumir que todo no es un juguete, prueba a explicarle a un niño que no le compras una cosa porque es caro, te contestará: pero si yo lo quiero, y está ahí, de una lógica aplastante.
A los niños hay que marcarles unas rutinas muy concretas, muy exactas, porque si no se vuelven locotes, a los ancianos ídem de ídem , los niños se desvelan con facilidad, y recuperan la pérdida de sueño en cualquier tiempo y lugar, los ancianos igual, y no es que sean unos lirones, es que duermen mal, y no tienen tanta energía como un adulto, se cansan con facilidad, y como los niños se recuperan a base de siestas olímpicas, de pijama y orinal, a los niños cualquier actividad que les saque de su rutina diaria la consideran una aventura fantástica, el mundo lo estrenan cada vez que se despiertan, los niños son unos fiesteros, los ancianos se apuntan a un bombardeo, los niños carecen del sentido del miedo, del peligro, del riesgo, son unos intrépidos inconscientes, como los ancianos cuando cruzan con el semáforo en rojo, tienen que pasar y pasan, y si tuvieran una pelota sólo verían la pelota, como los niños, los niños no desconfían de nadie, son extrovertidos absolutos, tratan con idéntica familiaridad a su papá y al butanero, lo que ha provocado más de un malentendido, y lo rajan todo, son unos acusicas, la palabra secreto no entra en su diccionario, si no quieren que lo cuente que no lo digan, punto en boca, seguro que conocéis algún viejo que comparta esas características, a un niño el menor problema, el menor contratiempo, el más mínimo cambio, le agobia, le angustia, le trastorna, lo mismo a los ancianos, tener que cambiar un enchufe se puede convertir en una verdadera tragedia sin solución.
Los niños y los ancianos sólo se sienten cómodos, seguros, en los sitios que conocen, que reconocen, necesitan estar rodeados de cosas que les sirvan de referencia, de salvavidas, en su cunita, en su parque, en su casita, son las personas más felices del mundo, un mundo hecho a su medida que controlan, que hacen suyo, saca a un anciano de su casa y durará lo que un caracol fuera de su concha, algo que conocen a la perfección todos los hijos cuando les llevan a una residencia, pero se trata precisamente de eso, de que estiren la pata cuanto antes, lo vendan como lo quieran vender, en derecho se denomina homicidio voluntario con premeditación y alevosía, los niños continuamente están inventando cosas, utilizando su imaginación, mintiendo, aunque sea un concepto que no existe en la infancia porque los niños se creen sus propias mentiras a pies juntillas, que no sea la misma verdad de los adultos ya es otro cantar, los ancianos son igual de imaginativos, de mentirosos, pero por supuesto se les achaca a su maldad congénita, ya se sabe que los ancianos, y sobretodo las ancianas, son brujas, pues no, como los niños, sólo buscan captar la atención, que les hagan caso, que les mimen, que les cuiden.
Luego conclusión, si son niños, nadie diría que triste ser niño, pero por lo visto volver a serlo es indigno para un ser humano, una vergüenza, hay que tratarles como tales, sin condescendencia, sin violencia, con comprensión, paciencia, y cariño, mucho cariño, y sin esperar que te lo agradezcan, los niños y los ancianos son injustos, y desagradecidos, no valoran los esfuerzos, los desvelos, ni en el momento, ni después, sólo escucharás reproches, quejas, todo lo que hagas por ellos es poco, lo tomarán como algo natural, lógico, como algo que se merecen, que les deben, y no por ello ningún padre deja de prodigar cuidados, desvelos, esfuerzos, afecto, a sus hijos, los niños, los ancianos, sólo juzgan como les has tratado la última vez, no importa que hayas sido un padre modelo, un hijo modelo, durante años, sólo importa la última, pero en contrapartida no son rencorosos, y carecen de maldad, todo lo que hacen, por malo que sea, sólo lo hacen para llamar la atención, para hacerse notar, necesitan unos ojos en los que poder reflejarse, en los que poder tranquilizarse, si no los miras no existen, están perdidos.
Y si ningún padre escatimaría el menor esfuerzo para que su hijo tenga una infancia feliz, dichosa, digna, plena, ningún hijo debería regatear el menor esfuerzo para que sus padres tengan una infancia feliz, dichosa, digna, plena, y más sabiendo que esos años son los últimos de su vida, unos años en los que hacerles feliz tendría que ser el único objetivo, la única meta, la única máxima a seguir, porque no son sólo sus últimos años, son también los últimos años en los que los vas a poder ver, en los que vas a poder disfrutar de su compañía, de su presencia, de su interlocución, aunque sea silenciosa, mucho mejor eso que vivir el resto de tu vida con el sentimiento de culpa de no haber actuado como se merecían, y con la certeza de que quien las da las toma, según como te has portado con tus padres así se portarán tus hijos, de lo que se come se cría, y la vida, aunque a primera vista no lo parezca, es justa, y a cada cerdo le acaba llegando su San Martín, a quien no le gustan los ancianos no le gustan los niños, no le gusta la vida, la sociedad occidental, y la oriental, ha perdido el contacto con la vida, con la infancia, y con la muerte, con la vejez, sólo le gusta la parte intermedia de la vida, la más insustancial, y eso es despreciar el resto, la vida es un círculo, y nos empeñamos en creer que es una línea recta, sin extremos, cuando es en esos extremos donde radica la vida, la muerte, donde los seres humanos somos necesarios, vitales, donde tenemos que demostrar nuestra calidad, calidez, humana, y si te saltas alguna de las etapas, se convierte en una espiral sin fin, sin salida, los niños, los ancianos, son unos inútiles, no son utilizables, pero los demás no, y es el momento en el que hay que demostrar que la vida no es sólo recibir, sino también dar, sin esperar nada a cambio, sin esperar ninguna recompensa, lo que viene llamándose, amor, la vejez es una oportunidad, un presente, para quien sepa verlo, para quien sepa apreciarlo, para quien lo merezca.
¿He dicho ya que es una película preciosa, brutalmente preciosa, desoladoramente preciosa?




P.D:http://www.opensubtitles.org/es/subtitles/3550967/ningen-no-yakusoku-es